Véase antes: II. Son divinidades antropomórficas.
3. Tienen el don de la metamorfosis
Las
divinidades se pueden metamorfosear en persona, animal o fenómeno
natural según les convenga.
- Mito de Europa. Metamorfosis de Zeus transformado en toro para poseer a Europa.
La
mañana era radiante. Europa jugaba junto a otras jóvenes en las
doradas arenas de la playa. Zeus, desde la bóveda celeste,
contemplaba con curiosidad la escena. La hasta hace poco niña era
hoy una mujer de hermosas formas a las que acompañaba un delicado
rostro. El semblante del dios se alegraba cada vez que la túnica de
la doncella se escurría dejando ver su escultural seno.
-
¡Qué belleza es su faz y que perfecto su cuerpo! – se dijo.
Y
siguió mirándola mientras la curiosidad iba abriendo camino a la
pasión. Enrarecido por ésta, Zeus se metamorfoseó en un toro de
resplandeciente blancura y cuernos semejantes a un creciente lunar.
De esta guisa bajó a la tierra y fue a tenderse a orillas del mar al
lado de Europa.
-
¡Qué bonito toro! – pensó ella -, su color es exactamente igual
como el de la nieve cuando no lleva la huella de duros pies ni ha
sido derretida por el lluvioso austro; el cuello se yergue poderoso,
entre las patas cuelga la papada, y los cuernos pequeños, si, pero
tales que se diría que están hechos a mano, y más diáfanos que
una gema transparente. No hay amenaza en su rostro ni fiereza e su
mirada; su semblante es pacífico.
Europa
no sintió miedo y comenzó a jugar con el toro; tejió una guirnalda
con las flores que llevaba en su mano y se la colgó en la
cornamenta. Después, retozona, saltó sobre su lomo, y, entre sisas
y gritos de alegría dejó que el animal la llevara hasta el mar.
Poco a poco el astado fue alejándose de la orilla y comenzó un
viaje a nado. Europa se abrazó a él; para no caer, sus manos se
aferraban con fuerza a los cuernos.
La
travesía terminó en la parte más occidental de la tierra, que
desde entonces tomó el nombre de la doncella, Europa. Una enorme
ola depositó a la joven y al toro; allí Zeus amó a la
muchacha. Sabio en estas lides, escogió un idílico lugar donde la
princesa conoció los goces celestes que el gran amador
derrochaba: fue en un bosquecillo de sauces mecidos por la brisa,
acunados por el murmullo del discurrir de las aguas de un arroyo y
bajo la sombra de un platanero que desde entonces conserva perennes
sus hojas.
Europa
dio tres vástagos a Zeus: Minos, Sarpedón y Radamantis. Europa
recibió honores divinos al morir, y la figura de toro que adoptó
Zeus en su día, ya como constelación, fue colocada entre los signos
del zodiaco. Se le domina Tauro.
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| El rapto de Europa, Peter Paul Rubens (1628-1629) |
- Mito de Alcmena. Metamorfosis de Zeus transformado en persona para poseer a Alcmena.
Alcmena
está casada con Anfitrión. Un día Anfitrión se embarca en un
viaje lejos de casa, tiempo que aprovecha Zeus. Éste, como sabía
que Alcmena estaba muy enamorada de su marido, se metamorfosea en
Anfitrión. Alcmena, cegada por la apariencia, tiene con el dios la
noche de amor más larga de la mitología. Zeus había pedido a Eos
(la luz de la mañana) que aquel día no saliese así el carro de
Helios no vería el momento de salir y la noche seguiría.
Alcmena
queda embarazada y, a la mañana siguiente llega el verdadero
Anfitrión, que llega con el deseo de poseer a su esposa. Ella no lo
entiende, pero cede y queda otra vez embarazada. Alcmena da a luz a
mellizos. Uno es humano, Ifis, y el otro es un héroe, Heracles, que
será el hijo favorito de Zeus. (Motivo por el cual, Heracles, tendrá
que sufrir durante toda la vida la cólera de Hera).
- Mito de Dánae. Metamorfosis de Zeus en lluvia de oro para poseer a Dánae.
Crecía
en el vientre de su madre los dos gemelos hijos del rey de Argos,
cuando ya comenzaron a pelearse. La enemistad entre Preto y Acrisio
no decreció al hacerse mayores; a la muerte de su padre lucharon por
el trono y, tras la prolongada guerra, Preto fue arrojado de Argos
por Acrisio quién subió al trono y casó después con Eurídice.
Ambos fueron padres de una hija bellísima de nombre Dánae.
Supo
el monarca por medio de un oráculo que, en su día, un nieto le
causaría la muerte. Asustado por la predicción, trató de evitar la
descendencia de su hija encerrándola en un sótano con puertas de
bronce y vigiladas por la guardia de palacio.
La
pupila del gran Zeus – a la que pocas cosas escapan-, se fijó en
la belleza de la muchacha y un buen día, seducido por la hermosura
de su cuerpo, se transformó en lluvia de oro. Se coló por una
grieta del techo y fue a caer sobre el sexo de la virgen que se
abandonó, para recibirlo, transportada en un embriagador y
placentero sopor.
Nueve
meses más tarde, fruto de aquella certera lluvia, nacía Perseo.
Dánae pudo traerlo al mundo y criarlo durante algunos días; pero el
llanto del niño en una madrugada atrajo la atención del rey
Acrisio, quien supo la verdad de labios de su hija. No creó el
monarca la fecundación divina, más bien supuso que la seducción
había partido de su hermano Preto y, atendiendo al vaticinio del
oráculo, ordeno meter en un arca de madera a hija y nieto, y los
arrojó al mar con la esperanza de que pereciesen en él.
Mas
los designios de los dioses no coincidieron con los del soberano; el
arcón llegó a la isla de Serifos; allí un pescador lo encontró en
las arenas de la playa donde había sido arrojado por las olas. Al
abrirlo, encontró a sus ocupantes sanos y salvos.
Pasó
el tiempo y Perseo, ya casado con Andrómeda, concibió la idea de
regresar a Argos para reconciliarse con su abuelo. Enterado Acrisio
del posible viaje de su nieto y recordando el mal augurio que pesaba
sobre su vida, abandonó Argos por unos días y e hospedó en Larisa,
corte del rey Tautámides. Coincidió su llegada con el
fallecimiento del padre de este monarca, en cuyo honor se organizaron
juegos fúnebres; Perseo, buen atleta, se presentó competidor sin
saber que Acrisio era huésped del palacio de Larisa.
En
plena celebración de los juegos, justo en el momento en que el hijo
de Dánae lanzaba su disco, se levantó un viento huracanado,
desviando el proyectil que fue a dar fatalmente en al cabeza del rey
de Argos, espectador en los juegos, originándole la muerte
instantánea.
Perseo
dio sepultura a su abuelo, y sollozando, le despidió con estas
palabras:
-
¡Descansa en paz, Acrisio. Durante toda tu vida luchaste contra
el fatal vaticinio; al final, el mal presagio nos venció a los dos!
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| Dánae recibiendo la lluvia de oro, Tiziano (1553) |
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