Véase antes: VI - Todas las divinidades están sometidas a un destino, Fatum, que se cumple inexorablemente.
LA ILIADA - Homero, Resumen
→
Episodio 1: El Fatum.
Está escrito que Tetis, una
divinidad marina, tenga un hijo más fuerte que su padre. Peleo, rey
de Ptía, recibirá la orden de hacerle el amor a Tetis, y,
aconsejado por el centauro Quirón, atrapará a Tetis en una red
hasta que entienda que él ha de ser el padre de sus hijos. El hijo
de ésta unión será Aquiles.
→
Episodio 2: La boda de Tetis y Peleo.
Tetis y Peleo se casan, y a la
boda invitan a todos menos a Eris, diosa de la discordia, y ella,
ofendida, se presenta al convite en forma de ángel y tira sobre la
mesa una manzana de oro, que previamente había cogido del jardín de las Hesperides, con una inscripción “para la diosa más
bella”.
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| The Garden of the Hesperides de Frederic Leighton, (1892) |
Se perfilan tres candidatas, Hera, Atenea y Afrodita. Zeus, que ya sabe quien es la más bella, coge la manzana y cuando se la va a dar a Afrodita, se encuentra con la mirada su mujer, Hera que le dice (ni se te ocurra o ya verás). Como Zeus tiene un poco de miedo a la mirada de su mujer decide que será un mortal quien decida, Paris.
→ Episodio 3: El juicio de Paris.
Las tres diosas acompañadas por
Hermes (mensajero de los dioses) se presentan delante de Paris, que
en teoría es un pastor inocente pero en realidad es un príncipe
troyano. (La madre de Paris había soñado, mientras estaba
embarazada de Paris, que pariría antorchas que quemaban toda Troya,
y un oráculo interpretó el sueño, diciéndoles que cuando naciera
el niño tendrían que matarlo.
Hécuba no quiso matar a su hijo y lo
dejó abandonado en un bosque con la esperanza de que alguien lo
encontrara y lo cuidara).
Las tres diosas intentan sobornar
a Paris. Hera le promete poder, Atenea le promete sabiduría y
Afrodita le promete Helena, la mujer más hermosa del mundo. Es hija
de Zeus y Leda (Zeus la poseyó transformado en un cisne).
Paris le da la manzana a Afrodita,
con la cual se gana el favor eterno de la diosa, pero también el
odio eterno de Atenea y Hera.
→
Episodio 4: El rapto de Helena.
Afrodita le ha prometido Helena y
debe cumplir su palabra. Consigue que en Troya reconozcan a Paris
como príncipe. Más tarde, Paris emprende un viaje a Esparta en una
misión diplomática, porque Helena no es una mujer libre, está
casada con Menelao, rey de Esparta, y tienen una hija, Hermíone.
Afrodita presenta Paris a Helena y
se enamoran. Paris se lleva a Helena a Troya. Helena deja atrás a su
marido y a su hija, pero se lleva el tesoro de Esparta que es suyo.
Menelao convoca a todos los príncipes griegos, para ir a Troya, en
busca de Helena, el tesoro de Esparta y para vengar su humillación.
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| Il Ratto Di Elena de Gavin Hamilton (1770). |
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Episodio 5: ¡Estalla la guerra!
- Guerreros destacados en el bando griego:
Menelao, Ayax, Ulises, Aquiles,
Agamenón (rey de reyes), Diomedes y Néstor (Anciano consejero).
Divinidades a favor: Hera y
Atenea.
- Guerreros destacados en el bando troyano:
Príamo, Paris, Héctor (hermano
mayor de Paris) y Eneas.
Divinidades a favor: Afrodita,
Apolo y todos sus partidarios.
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| Los amores de Paris y Helena de Jacques -Louis David (1788) |
Los griegos se embarcan en más de
mil barcos, llegan a las playas de Troya y comienza la guerra que los
troyanos controlan, porque Troya está construida encima de una
pequeña montaña y rodeada de siete murallas. Dura diez años la
guerra y sólo se acabará cuando Ulises trama un plan para
engañar a los Troyanos construyendo un caballo enorme donde se
esconden los veinte mejores guerreros griegos y lo dejan en la playa
en señal de rendición, desmantelan el campamento, y se embarcan y
hacen ver que se van, pero se quedan escondidos en una cala próxima.
Los Troyanos, después de varias discusiones, deciden entrar el
caballo a la ciudad y celebran la victoria. Cuando Troya está
dormida y ebrios de fiesta, salen los guerreros del caballo, abren
las puertas de la ciudad y entra todo el ejército, arrasando con
todo. Matan a los hombres y a los niños, hacen esclavas a las
mujeres y sólo un grupo de fugitivos liderados por Eneas puede
escapar de la ciudad en llamas.
→
Episodio 6: El héroe de la guerra, Aquiles.
Aquiles es un héroe, hijo de una
divinidad, Tetis, y un mortal Peleo. En nacer, su madre quiso hacerlo
inmortal. Primero, decían que si dejas a una persona en las llamas,
si los dioses quieren que sea inmortal no se quemará, pero Aquiles
si que se quemó. Segundo, su madre lo sumergió en el pozo del agua
sagrada agarrándolo por un pie (ya que la corriente podría llevarse
al niño, se decía que si los dioses querían que fuera inmortal
quedaría flotando pero que sino se hundiría, y como Tetis ya había
tenido suficiente con el fuego, no quiso jugársela).
Aquiles fue inmortal por todo
menos por su talón, además que estaba escrito que moriría joven.
Fue educado por el centauro Quirón. Cuando Aquiles tiene ya
veinte-largos años y es rey de los mirmidones, estalla la guerra y
Tetis intuye que morirá en esta guerra, por lo tanto intenta
esconderlo disfrazado de mujer y camuflado en el harén de mujeres e
hijas del Rey Licomedes.
Ulises se entera que en la corte
del rey Licomedes a llegado una mujer que mide un metro más que las
otras mujeres. Ulises trama un plan para descubrirlo, dice «iré
vestido de comerciante y venderé telas, después, uno de mis hombres
del ejército vendrá conmigo y dará la falsa alarma de que hay
fuego, sí Aquiles tiene el honor de un guerrero, seguro que corre
hacia el incendio a ver a quién hay que salvar», ésta es la
conclusión de Ulises, y efectivamente el orgullo de Aquiles de
salvar a quien sea lo descubre, cuando el guardia chilla fuego,
Aquiles se recoge la falda y saca su espada, y antes de que pueda
correr hacia el incendio, Ulises lo para y le dice «¡Ei! Que es
mentira... te hemos pillado, ala venga, vayámonos a la guerra».
Aquiles
es obligado a ir hacia la guerra. Hace falta ir a Troya y Tetis le
pide a Hefesto, dios del fuego y la forja, que le haga una armadura
para su hijo. Hefesto le fabrica una armadura de calidad y
resistencia excepcionales, y una vez en el campo de batalla, Aquiles
es el guerrero más temido, mortífero y letal.
→
Episodio 7: En
las playas de Troya.
Cuando ya se ha demostrado que
Aquiles es el guerrero más poderoso de todos los griegos, un día
Agamenón exige que sea liberada la esclava-mujer de Aquiles,
Briseida. Agamenón, no le había quedado más remedio que liberar a
Criseida a su padre Crises, sacerdote de Apolo, porque Apolo había
enviado la peste al ejército griego, para exigir ésta devolución.
Delante de esta injusticia,
Aquiles decide abandonar la lucha y retirarse con su tienda a un
punto más alejado de la playa. Con esto, los troyanos ven que
Aquiles no sale al campo de batalle, se sienten fuertes y con ganas
de luchar contra los griegos. Delante de las derrotas y las continuas
bajas, los griegos intentan muchas veces convencer a Aquiles para que
vuelva.
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| Patroclus de Jacques -Louis David (1780) |
Patroclo (amante de Aquiles) para
ayudar a los griegos, le propone a Aquiles que le deje su armadura
para engañar a los troyanos. Aquiles le deja la armadura y Patroclo
sale a luchar. Al cabo de pocos días los troyanos perciben que el comportamiento de ésta armadura no es el de antes y el príncipe
Héctor se enfrenta y lo mata.
Cuando le retira el yelmo,
descubre que el muerto no es Aquiles sino el amante y Héctor
aprovecha y le roba la armadura, aunque los griegos consiguen retener
el cuerpo de Patroclo. (Resulta que Aquiles es famoso por su mala
baba, y nadie quiere ir a darle la noticia de que Patroclo está
muerto, así que Agamenón propone enviar a cuatro “idiotas”.
Éstos le dan la noticia a Aquiles, le dejan el cuerpo y se van
corriendo.
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| Aquiles contemplando el cadáver de Patroclo, Giulio Romano (1492-1546). Aquiles se negó a enterrar el cuerpo de Patroclo, e incluso a no comer hasta no haber vengado su muerte. |
Aquiles cae en una profunda
depresión. Tetis intenta animar a su hijo Aquiles, pero Aquiles está
lleno de odio y por ello decide volver a la guerra, para vengar la
muerte de su amante. Tetis vuelve a la fragua de Hefesto y le pide
una nueva armadura para su hijo.
Aquiles vuelve al campo de batalla
con un único objetivo: matar a Héctor. Se produce un combate
violento; Aquiles mata a todo lo que se mueve y al final se quedan
solos, cara a cara, Aquiles y Héctor.
Aquiles observa a Héctor, observa
la armadura que antes era suya y sabe que el único punto por donde
lo puede matar es por el cuello, apunta con la lanza y dispara, y
atraviesa el cuello a Héctor que muere al instante. No contento con
eso, Aquiles ata el cadáver de Héctor a su carro y lo arrastra al
rededor e Troya. Se lleva el cadáver a su tienda.
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| Hector de Jacques-Louis David, ( 1778) |
El padre de
Héctor, Príamo, el rey de Troya, que es un hombre mayor, tiene el
valor de atravesar solo el campo de batalla y a todo el ejército
griego, para presentarse en la tienda de Aquiles y pedirle que le
devuelva el cadáver de su hijo.
Aquiles se lo devuelve porqué
reconoce en Príamo, primero, el respeto por la edad que merece,
segundo, la importancia de ser rey de Troya y tercero, la valentía y
el coraje que ha demostrado sólo para poder honrar el cadáver de
Héctor. Por lo tanto, Aquiles permite que Príamo se lleve el
cadáver y además, le concede a los troyanos una tregua de quince
días para enterrar dignamente a su príncipe y todos los muertos de
Troya.
(En éste punto se acaba la
Ilíada, un libro escrito por Homero que narra la cólera de Aquiles)
Al cabo de unos meses en combate,
una flecha disparada por París y dirigida por el dios Apolo, se
clava en el talón de Aquiles, que le provoca la muerte por
desangrarse.
En una asamblea, Zeus prohíbe que
los dioses intervengan más en esa guerra, la guerra tiene que
terminar, la guerra la ganarán los griegos, porqué así está
escrito, y ningún dios puede intervenir ni una sola vez más, y aquí
es cuando los griegos idean el caballo de madera y se acaba la
guerra.
| El dolor y los lamentos de Andrómaca sobre el cuerpo de Héctor de Jacques-Louis Davd (1783) |
Héctor → Está casado con
Andrómeca y tienen un hijo pequeño, futuro príncipe de Troya,
cuando Héctor sale a enfrentarse con Aquiles su mujer le suplica que
no vaya porque sabe que morirá. Héctor no le hace caso y sale a
luchar. Cuando acabe la guerra, los griegos arrancarán el hijo de
Héctor de los brazos de su madre y lo tiran por la muralla, para
asegurarse que nadie en un futuro, reclame ser rey de Troya.
Andrómeca se queda como esclava y concubina del hijo de Aquiles,
Neoptólemo, hijo de Deidamía (hija del rey Licomedes), que
casualmente está casado con la hija de Menelao, Hermíone, que es
estéril. Neoptólemo tendrá hijos con Andrómeca, con la cual cosa
se gana el odio eterno de Hermíone.
→
Episodio 8: El final.
De Troya destruida salen dos
expediciones, la primera es liderada por Ulises (Odisea), ésta es
una expedición griega, por lo tanto del bando vencedor y por parte
del bando ganador sale Eneas (Eneida).
La
guerra de Troya: LA ILIADA
Análisis de los cantos más relevantes.
(Todos los poemas épicos empiezan
con una invocación a la musa de la poesía Calíope, que es la
divinidad que le proporciona inspiración al poeta).
Después de una invocación a al
musa, el poeta se propone cantar la cólera de Aquiles.
Insistimos en que la “Ilíada”
refiere un episodio particular de la guerra de Troya, que se refleja
en los primeros versos:
«Diosa,
canta del peleida Aquiles la cólera desastrosa que asoló con
infinitos males a los griegos... desde que se separaron disputando el
Atreida, rey de hombres, y el divino Aquiles...»
El
tema eje de la “Ilíada” puede resumirse así:
Crises,
sacerdote de Apolo, va al campo griego con el propósito de liberar a
su hija, cautiva de Agamenón. No solamente no lo consigue, sino que
es vejado e insultado por este príncipe, lo que le mueve a suplicar
al dios Apolo venganza contra sus enemigos. La divinidad acoge las
súplicas de Crises y envía una mortal epidemia de peste al campo de
Agamenón, que produce una terrible mortaldad.
Enterado
de ello, Aquiles convoca una reunión de notables, en la cual, el
adivino Calcas, después de conseguir la protección del Peleida,
explica a los griegos cual es el origen de sus males, afirmando que
el único medio de calmar al cólera de Apolo es devolver a Criseida
a su padre, sin pedir rescate alguno. Irritado Agamenón por una
fórmula que le desagrada, se enfrenta al adivino, pero sobre todo a
Aquiles, al que obliga a que le entregue la hermosa Briseida para
compensarle por la pérdida de la hija de Crises.
Este
Canto I que comentamos tiene versos de tan singular belleza como la
arrogante negativa de Agamenón a Crises:
«-
Guárdate, anciano, de que te encuentre nuevamente cerca de las naves
abiertas, bien porque vuelvas o porque te retrases ahora, pues ni el
creo ni las bandas del dios te protegerán ya. No te entrego a tu
hija. La espera la vejez dentro de mis dominios, allá en Argos,
lejos de su patria, tejiendo telas para mí y compartiendo mi lecho.
Vete, pues, y no me irrites si aspiras a regresar salvo... »
[...]El Canto VI comienza
refiriendo un nuevo aspecto de la batalla:
«-
Solos, sin el socorro de los dioses, quedaron en la horrenda lid
teucros y aqueos; pero no por ello dejaron de seguir cometiéndose e
hiriéndose unos a otros con sus lanzas de bronce.»
Es terrible la carnicería de los
aqueos a los teucros, quienes retroceden buscando protección en la
ciudad.
[…] En el siguiente Canto, VII,
se describe cómo la suerte de la guerra se nivela y vuelven a
intervenir los dioses.
[…] En el Canto VIII Zeus
prohíbe a los dioses luchar a favor de uno u otro bando,
amenazándoles con terribles castigos. Luego, sobre su carro, se
dirige al monte Ida y desde allí dispone que los aqueos retrocedan
ante los teucros. Hera y Atenea se aprestan a ponerse de parte de los
que se retiran, pero Zeus manda a Iris a aplacarlas, lo que consigue.
Llegada la noche, se suspende el
combate. Héctor arenga a los suyos y manda a los soldados que
permanezcan alerta junto a grandes fuegos para que el enemigo no
pueda sorprenderles:
«-
Vigilaremos toda la noche, y al amanecer cubrámonos con nuestras
armas...»
¡Qué hermoso final el del Canto
VIII!:
«...Mil
hogueras ardían y cerca de cada una hallábanse cincuenta guerreros
sentados en torno de la llanura ardiente. Y los caballos comían la
cebada y la avena próximos a los carros, esperando a Eos, la del
hermoso trono.»
[…] En el Canto XII, los
griegos, acostados por Héctor, vuelven a sus atrincheramientos y
desde allí se defienden desesperadamente. Los troyanos, ante la
imposibilidad de romper las líneas de sus enemigos, dividen su
ejército en cinco falanges y atacan por todas partes, sembrando el
terror y la muerte.
[…] En el Canto XIV, Hera,
temiendo que el favor que Zeus dispensa a los troyanos acabe con los
aqueos, decide tender una celada al padre de los dioses y para ello,
luego de engalanarse con sus mejores atavíos, pide a Afrodita que le
preste su cinturón, a lo que ésta accede. Apenas lo ha conseguido,
va en busca del dios del sueño y sume a Zeus en un dulce
adormecimiento. Sin la ayuda del dios, Héctor es derribado por una
enorme piedra que le arroja Ayax, se desvanece y la lucha cambia de
signo. Los griegos recobran bríos y ponen en graves apuros a los
hasta entonces vencedores troyanos, quienes, ya en el Canto XV, huyen
en desbandada.
[…] En el Canto XVI se nos
cuenta que compadecido Patroclo de los griegos pide a Aquiles una y
otra vez que corra en su ayuda. Al ver como arde una de las
embarcaciones, lo que significa el principio del fin, Aquiles presta
a Patroclo parte de sus tropas, lo que da un nuevo rumbo a la lucha.
Los troyanos retroceden ante el empuje de tan valerosos refuerzos y
llegan hasta sus murallas. Patroclo paga con su vida el haber salvado
a los griegos, de un fin inminente y predice la muerte de su matador
Héctor, quien se burla de tal profecía.
«Al
mirar a Patroclo muerto por los troyanos, el bravo Menelao corrió a
las primeras filas armado con el bronce espléndido – Canto
XVII -. Y se
agitaba en torno del cadáver como en torno del primer becerrillo de
su vientre corre una vaca gemebunda que hasta entonces no había
conocido el parto... »
El combate es feroz en torno a
Patroclo. Son sucesivas las veces en los que unos y otros parecen
obtener victoria y, con ella, la posesión del cuerpo del héroe. Al
fin, después de una gran mortandad, los griegos consiguen rescatar
el cadáver, no sin la intervención de los dioses.
[…] En el Canto XVIII, el dolor
de Aquiles es tan terrible que Tetis visitará a Hefesto para que
construya nuevas armas al Eácida, que arde en deseos de lanzarse a
la lucha, lo que hace que en el Canto XIX luego de prometerle Tetis,
su madre, que velará por el cuerpo de su amante Patroclo no se
corrompa mientras él combate. […] Aquiles se niega a tomar
alimentos en señal de duelo y mientras espera el momento de la
batalla llora junto al cadáver de su amante. Zeus, conmovido, envía
a Atenea a consolarlo y Aquiles reprocha a los dioses la muerte de
Patroclo. Uno de ellos, Xanto, predice a quien les acusa que pronto
sufrirá la misma suerte que aquel de quien tantos se apena, pero el
héroe responde orgullosamente:
«-
¿Por qué me anuncias la muerte, Xanto? ¿Acaso eso te importa? Ya
sé que es mi destino sucumbir aquí, alejado de mi padre y de mi
madre, pero no pienso cejar hasta que harte de batallas a los
troyanos...»
[…] En el Canto XXI […],
encolerizado el Eácida, corre hacia Troya. Héctor aún no ha
llegado a las puertas, y al advertir que Aquiles va en su busca, le
espera, desoyendo el consejo de quienes le gritan que no se enfrente
al invencible caudillo – Canto XXII -. Son apasionantes las
peripecias de esta lucha. Héctor, antes de morir, predice la muerte
de su vencedor quien, cruel, ata el cadáver a su carro y lo arrastra
por la llanura, destrozándolo ante los ojos de los troyanos,
entregados a la más viva desesperación.
Es conmovedor el arranque del
Canto XXIII en el que Aquiles habla así:
«-
Mirmidones de caballos veloces, queridos compañeros. Sin
desenganchar de los carros a nuestros caballos de cascos macizos,
lloremos a Patroclo porque este es el honor que a los muertos se
debe. Y cuando ya el duelo nos sacie, desataremos a nuestros caballos
y tomaremos aquí nuestra comida.»
«Habló
así y los demás se lamentaban, y Aquiles el primero. Y gimiendo,
guiaron por tres veces los caballos de hermosas crines en torno del
cadáver; Tetis les acrecía el deseo de llorar. Y en la pena por el
héroe Patroclo, las lágrimas mojaban las armas y regaban la
arena...»
Troya,
llora por Héctor; Aquiles y los griegos, por Patroclo.
[…]
En el último de los Cantos, el XXIV, se pone de manifiesto la
crueldad de Aquiles que, todos los días, por odio a Héctor,
arrastra su cadáver en torno a las murallas de Troya; y también su
generosidad y elevados sentimientos al conmoverse por las súplicas y
lágrimas de Príamo, padre de Héctor, y permitirle que se lleve a
su hijo, a la par que promete una tregua de once días.
La
«Ilíada» concluye con los funerales de Héctor, descritos de forma
semejante a los de Patroclo...
Conviene insistir que las
dificultades de los griegos para ganarse el apoyo de Aquiles
proceden, como se ha dicho, de haberle sido arrebatada por Agamenón
la hermosa esclava Briseida. Sólo la certeza una total derrota y la
muerte de Patroclo le impulsan a participar de nuevo en la lucha.
Digamos, por último, que en este
Poema se exalta lo mejor y lo peor de los hombres, sus amores y sus
odios, sus compasiones y sus terribles venganzas.
Por ello, y con razón, se ha
considerado la «Ilíada» como
una de las obras más excelsas producidas por el genio poético de un
pueblo en la persona de su poeta más extraordinario.
Janto → Caballo inmortal,
hijo del dios del viento Céfiro y de la arpía Celene. También
conocido como Xanto. Tenía un hermano llamado Balio, y ambos fueron
entregados como regalo por Poseidón a Peleo y Tetis durante su boda.
Peleo los regaló más tarde a Aquiles y, después de lucirlos en la
batalla, ató a ellos el cuerpo de Héctor. Probablemente Janto era
cabalgado por Patroclo y Balio por Aquiles, pues éste le reprochó
al primero que hubiera dejado morir a su amante.
Bibliografía:
HOMERO, LA ILIADA; Prólogo y notas de Juan Alarcón Benito. Ediciopnes Fraile, S. A.
CURTIUS: «L'Histoire Grecque». París, 1868.
DIOGENES LAERCIO: «Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres». Madrid, 1959.
Web-grafía:
http://www.ecdotica.com/biblioteca/Homero%20-%20La%20Il%C3%ADada.pdf
http://antiqua.gipuzkoakultura.net/pdf/lairadeaquiles_.pdf
Continuación
en: I – Las fuerzas primordiales (Los padres de los dioses)
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