martes, 6 de mayo de 2014

LA ILIADA - Homero

LA ILIADA - Homero, Resumen


Episodio 1: El Fatum.

Tetis sumergiendo a su hijo Aquiles en el río Estigia,
de Antoine Borel (1743-1810).

Se dice que Tetis trató de salvar a Aquiles de
su destino exponiendo al recién nacido a las llamas
 (para consumir su mortalidad) y untándolo
después con ambrosía. Tetis no pudo consumar
el rito, y éste no tuvo efecto.
Está escrito que Tetis, una divinidad marina, tenga un hijo más fuerte que su padre. Peleo, rey de Ptía, recibirá la orden de hacerle el amor a Tetis, y, aconsejado por el centauro Quirón, atrapará a Tetis en una red hasta que entienda que él ha de ser el padre de sus hijos. El hijo de ésta unión será Aquiles.












Episodio 2: La boda de Tetis y Peleo.

Tetis y Peleo se casan, y a la boda invitan a todos menos a Eris, diosa de la discordia, y ella, ofendida, se presenta al convite en forma de ángel y tira sobre la mesa una manzana de oro, que previamente había cogido del jardín de las Hesperides, con una inscripción “para la diosa más bella”.


The Garden of the Hesperides de Frederic Leighton, (1892)

Se perfilan tres candidatas, Hera, Atenea y Afrodita. Zeus, que ya sabe quien es la más bella, coge la manzana y cuando se la va a dar a Afrodita, se encuentra con la mirada su mujer, Hera que le dice (ni se te ocurra o ya verás). Como Zeus tiene un poco de miedo a la mirada de su mujer decide que será un mortal quien decida, Paris.



El banquete de las bodas de Peleo, de sir Edward Brune Jones (1872-1881). Eris, diosa de la discordia, asistió a las bodas de Peleo. Conocida como instigadora de conflictos, incitadora de celos y odio, se le atribuye la creación de divinidades abstractas como el Hambre, el Dolor y el Olvido.















Episodio 3: El juicio de Paris.

The Judgement of Paris de Jacques-Louis David (1788).
Paris no podía quitarse de la cabeza la idea de conquistar
el amor de la mujer más hermosa del mundo.
Afrodita cumplió su promesa prestándole
su protección y ayuda para raptar a la bella Helena. 
Las tres diosas acompañadas por Hermes (mensajero de los dioses) se presentan delante de Paris, que en teoría es un pastor inocente pero en realidad es un príncipe troyano. (La madre de Paris había soñado, mientras estaba embarazada de Paris, que pariría antorchas que quemaban toda Troya, y un oráculo interpretó el sueño, diciéndoles que cuando naciera el niño tendrían que matarlo. 
Hécuba no quiso matar a su hijo y lo dejó abandonado en un bosque con la esperanza de que alguien lo encontrara y lo cuidara).
Las tres diosas intentan sobornar a Paris. Hera le promete poder, Atenea le promete sabiduría y Afrodita le promete Helena, la mujer más hermosa del mundo. Es hija de Zeus y Leda (Zeus la poseyó transformado en un cisne). 

Paris le da la manzana a Afrodita, con la cual se gana el favor eterno de la diosa, pero también el odio eterno de Atenea y Hera.


Helena de Troya, Evelyn de Morgan (1855-1919).

















Episodio 4: El rapto de Helena.

Afrodita le ha prometido Helena y debe cumplir su palabra. Consigue que en Troya reconozcan a Paris como príncipe. Más tarde, Paris emprende un viaje a Esparta en una misión diplomática, porque Helena no es una mujer libre, está casada con Menelao, rey de Esparta, y tienen una hija, Hermíone.
Afrodita presenta Paris a Helena y se enamoran. Paris se lleva a Helena a Troya. Helena deja atrás a su marido y a su hija, pero se lleva el tesoro de Esparta que es suyo. Menelao convoca a todos los príncipes griegos, para ir a Troya, en busca de Helena, el tesoro de Esparta y para vengar su humillación.

Il Ratto Di Elena de Gavin Hamilton (1770).

Episodio 5: ¡Estalla la guerra!

  • Guerreros destacados en el bando griego:
Menelao, Ayax, Ulises, Aquiles, Agamenón (rey de reyes), Diomedes y Néstor (Anciano consejero).

Divinidades a favor: Hera y Atenea.

  • Guerreros destacados en el bando troyano:
Príamo, Paris, Héctor (hermano mayor de Paris) y Eneas.

Divinidades a favor: Afrodita, Apolo y todos sus partidarios.
Los amores de Paris y Helena de Jacques -Louis David (1788)

Los griegos se embarcan en más de mil barcos, llegan a las playas de Troya y comienza la guerra que los troyanos controlan, porque Troya está construida encima de una pequeña montaña y rodeada de siete murallas. Dura diez años la guerra y sólo se acabará cuando Ulises trama un plan para engañar a los Troyanos construyendo un caballo enorme donde se esconden los veinte mejores guerreros griegos y lo dejan en la playa en señal de rendición, desmantelan el campamento, y se embarcan y hacen ver que se van, pero se quedan escondidos en una cala próxima. Los Troyanos, después de varias discusiones, deciden entrar el caballo a la ciudad y celebran la victoria. Cuando Troya está dormida y ebrios de fiesta, salen los guerreros del caballo, abren las puertas de la ciudad y entra todo el ejército, arrasando con todo. Matan a los hombres y a los niños, hacen esclavas a las mujeres y sólo un grupo de fugitivos liderados por Eneas puede escapar de la ciudad en llamas.



Episodio 6: El héroe de la guerra, Aquiles.

Aquiles es un héroe, hijo de una divinidad, Tetis, y un mortal Peleo. En nacer, su madre quiso hacerlo inmortal. Primero, decían que si dejas a una persona en las llamas, si los dioses quieren que sea inmortal no se quemará, pero Aquiles si que se quemó. Segundo, su madre lo sumergió en el pozo del agua sagrada agarrándolo por un pie (ya que la corriente podría llevarse al niño, se decía que si los dioses querían que fuera inmortal quedaría flotando pero que sino se hundiría, y como Tetis ya había tenido suficiente con el fuego, no quiso jugársela).
Aquiles fue inmortal por todo menos por su talón, además que estaba escrito que moriría joven. Fue educado por el centauro Quirón. Cuando Aquiles tiene ya veinte-largos años y es rey de los mirmidones, estalla la guerra y Tetis intuye que morirá en esta guerra, por lo tanto intenta esconderlo disfrazado de mujer y camuflado en el harén de mujeres e hijas del Rey Licomedes.

Ulises se entera que en la corte del rey Licomedes a llegado una mujer que mide un metro más que las otras mujeres. Ulises trama un plan para descubrirlo, dice «iré vestido de comerciante y venderé telas, después, uno de mis hombres del ejército vendrá conmigo y dará la falsa alarma de que hay fuego, sí Aquiles tiene el honor de un guerrero, seguro que corre hacia el incendio a ver a quién hay que salvar», ésta es la conclusión de Ulises, y efectivamente el orgullo de Aquiles de salvar a quien sea lo descubre, cuando el guardia chilla fuego, Aquiles se recoge la falda y saca su espada, y antes de que pueda correr hacia el incendio, Ulises lo para y le dice «¡Ei! Que es mentira... te hemos pillado, ala venga, vayámonos a la guerra».

Ulises trata de convencer a Aquiles, disfrazado de mujer, de que abandone la corte de Licomedes, de Alessandro Tiarini (1577-1668). 
Una vez descubierto, Aquiles estaba ansioso por participar en la batalla. Luchador fuerte y veloz, infundía terror en el corazón de sus enemigos. Se convirtió en almirante de la flota griega con sólo quince años.

Tetis entregando a Aquiles sus armas,
de Giulio Romano (1492-1546).

Hefesto forjó un nuevo juego de armas para
Aquiles como favor a su madre, Tetis.
Siendo Hefesto un niño fue expulsado del cielo
por Hera, y rescatado por Tetis, una nereida, y
su hermana, quienes se encargaron de cuidarlo.
Aquiles es obligado a ir hacia la guerra. Hace falta ir a Troya y Tetis le pide a Hefesto, dios del fuego y la forja, que le haga una armadura para su hijo. Hefesto le fabrica una armadura de calidad y resistencia excepcionales, y una vez en el campo de batalla, Aquiles es el guerrero más temido, mortífero y letal.


Episodio 7: En las playas de Troya.

Cuando ya se ha demostrado que Aquiles es el guerrero más poderoso de todos los griegos, un día Agamenón exige que sea liberada la esclava-mujer de Aquiles, Briseida. Agamenón, no le había quedado más remedio que liberar a Criseida a su padre Crises, sacerdote de Apolo, porque Apolo había enviado la peste al ejército griego, para exigir ésta devolución.
Delante de esta injusticia, Aquiles decide abandonar la lucha y retirarse con su tienda a un punto más alejado de la playa. Con esto, los troyanos ven que Aquiles no sale al campo de batalle, se sienten fuertes y con ganas de luchar contra los griegos. Delante de las derrotas y las continuas bajas, los griegos intentan muchas veces convencer a Aquiles para que vuelva.

Patroclus de Jacques -Louis David (1780)

Patroclo (amante de Aquiles) para ayudar a los griegos, le propone a Aquiles que le deje su armadura para engañar a los troyanos. Aquiles le deja la armadura y Patroclo sale a luchar. Al cabo de pocos días los troyanos perciben que el comportamiento de ésta armadura no es el de antes y el príncipe Héctor se enfrenta y lo mata.

Cuando le retira el yelmo, descubre que el muerto no es Aquiles sino el amante y Héctor aprovecha y le roba la armadura, aunque los griegos consiguen retener el cuerpo de Patroclo. (Resulta que Aquiles es famoso por su mala baba, y nadie quiere ir a darle la noticia de que Patroclo está muerto, así que Agamenón propone enviar a cuatro “idiotas”. Éstos le dan la noticia a Aquiles, le dejan el cuerpo y se van corriendo.
Aquiles contemplando el cadáver de Patroclo,
Giulio Romano (1492-1546).

Aquiles se negó a enterrar el cuerpo de Patroclo, e
incluso a no comer hasta no haber vengado su muerte.
Aquiles cae en una profunda depresión. Tetis intenta animar a su hijo Aquiles, pero Aquiles está lleno de odio y por ello decide volver a la guerra, para vengar la muerte de su amante. Tetis vuelve a la fragua de Hefesto y le pide una nueva armadura para su hijo.

Aquiles vuelve al campo de batalla con un único objetivo: matar a Héctor. Se produce un combate violento; Aquiles mata a todo lo que se mueve y al final se quedan solos, cara a cara, Aquiles y Héctor.
Aquiles observa a Héctor, observa la armadura que antes era suya y sabe que el único punto por donde lo puede matar es por el cuello, apunta con la lanza y dispara, y atraviesa el cuello a Héctor que muere al instante. No contento con eso, Aquiles ata el cadáver de Héctor a su carro y lo arrastra al rededor e Troya. Se lleva el cadáver a su tienda. 
Hector de Jacques-Louis David, ( 1778)


El padre de Héctor, Príamo, el rey de Troya, que es un hombre mayor, tiene el valor de atravesar solo el campo de batalla y a todo el ejército griego, para presentarse en la tienda de Aquiles y pedirle que le devuelva el cadáver de su hijo.
Aquiles se lo devuelve porqué reconoce en Príamo, primero, el respeto por la edad que merece, segundo, la importancia de ser rey de Troya y tercero, la valentía y el coraje que ha demostrado sólo para poder honrar el cadáver de Héctor. Por lo tanto, Aquiles permite que Príamo se lleve el cadáver y además, le concede a los troyanos una tregua de quince días para enterrar dignamente a su príncipe y todos los muertos de Troya.

(En éste punto se acaba la Ilíada, un libro escrito por Homero que narra la cólera de Aquiles)

Al cabo de unos meses en combate, una flecha disparada por París y dirigida por el dios Apolo, se clava en el talón de Aquiles, que le provoca la muerte por desangrarse.

La muerte de Aquiles de Peter Paul Rubens (1577-1640).
Se dice que el llanto y los gemidos de Tetis, las nereidas y las musas por la muerte de Aquiles resultaban tan espeluznantes que los griegos huyeron despavoridos a refugiarse en sus navíos. 

En una asamblea, Zeus prohíbe que los dioses intervengan más en esa guerra, la guerra tiene que terminar, la guerra la ganarán los griegos, porqué así está escrito, y ningún dios puede intervenir ni una sola vez más, y aquí es cuando los griegos idean el caballo de madera y se acaba la guerra.


La construcción del caballo de madera de Troya de Giulio Romano (1492-1546).
Según el poeta Trifidoro (s. V a. de C.), el caballo de madera era un corcel blanco de crines moradas y flequillo dorado. Tenía los ojos de color verde berilo y malva amatista e incluso una dentadura de marfil. Los arreos presentaban incrustanciones de bronce y marfil, también de color morado.


El dolor y los lamentos de Andrómaca sobre
el cuerpo de Héctor de Jacques-Louis Davd (1783)
Héctor → Está casado con Andrómeca y tienen un hijo pequeño, futuro príncipe de Troya, cuando Héctor sale a enfrentarse con Aquiles su mujer le suplica que no vaya porque sabe que morirá. Héctor no le hace caso y sale a luchar. Cuando acabe la guerra, los griegos arrancarán el hijo de Héctor de los brazos de su madre y lo tiran por la muralla, para asegurarse que nadie en un futuro, reclame ser rey de Troya. Andrómeca se queda como esclava y concubina del hijo de Aquiles, Neoptólemo, hijo de Deidamía (hija del rey Licomedes), que casualmente está casado con la hija de Menelao, Hermíone, que es estéril. Neoptólemo tendrá hijos con Andrómeca, con la cual cosa se gana el odio eterno de Hermíone.





Episodio 8: El final.

De Troya destruida salen dos expediciones, la primera es liderada por Ulises (Odisea), ésta es una expedición griega, por lo tanto del bando vencedor y por parte del bando ganador sale Eneas (Eneida).





La guerra de Troya: LA ILIADA
Análisis de los cantos más relevantes

(Todos los poemas épicos empiezan con una invocación a la musa de la poesía Calíope, que es la divinidad que le proporciona inspiración al poeta).
Después de una invocación a al musa, el poeta se propone cantar la cólera de Aquiles.
Insistimos en que la “Ilíada” refiere un episodio particular de la guerra de Troya, que se refleja en los primeros versos:

«Diosa, canta del peleida Aquiles la cólera desastrosa que asoló con infinitos males a los griegos... desde que se separaron disputando el Atreida, rey de hombres, y el divino Aquiles...»

El tema eje de la “Ilíada” puede resumirse así:
Crises, sacerdote de Apolo, va al campo griego con el propósito de liberar a su hija, cautiva de Agamenón. No solamente no lo consigue, sino que es vejado e insultado por este príncipe, lo que le mueve a suplicar al dios Apolo venganza contra sus enemigos. La divinidad acoge las súplicas de Crises y envía una mortal epidemia de peste al campo de Agamenón, que produce una terrible mortaldad.
Enterado de ello, Aquiles convoca una reunión de notables, en la cual, el adivino Calcas, después de conseguir la protección del Peleida, explica a los griegos cual es el origen de sus males, afirmando que el único medio de calmar al cólera de Apolo es devolver a Criseida a su padre, sin pedir rescate alguno. Irritado Agamenón por una fórmula que le desagrada, se enfrenta al adivino, pero sobre todo a Aquiles, al que obliga a que le entregue la hermosa Briseida para compensarle por la pérdida de la hija de Crises.
Este Canto I que comentamos tiene versos de tan singular belleza como la arrogante negativa de Agamenón a Crises:

«- Guárdate, anciano, de que te encuentre nuevamente cerca de las naves abiertas, bien porque vuelvas o porque te retrases ahora, pues ni el creo ni las bandas del dios te protegerán ya. No te entrego a tu hija. La espera la vejez dentro de mis dominios, allá en Argos, lejos de su patria, tejiendo telas para mí y compartiendo mi lecho. Vete, pues, y no me irrites si aspiras a regresar salvo... »

[...]El Canto VI comienza refiriendo un nuevo aspecto de la batalla:

«- Solos, sin el socorro de los dioses, quedaron en la horrenda lid teucros y aqueos; pero no por ello dejaron de seguir cometiéndose e hiriéndose unos a otros con sus lanzas de bronce.»

Es terrible la carnicería de los aqueos a los teucros, quienes retroceden buscando protección en la ciudad.
[…] En el siguiente Canto, VII, se describe cómo la suerte de la guerra se nivela y vuelven a intervenir los dioses.
[…] En el Canto VIII Zeus prohíbe a los dioses luchar a favor de uno u otro bando, amenazándoles con terribles castigos. Luego, sobre su carro, se dirige al monte Ida y desde allí dispone que los aqueos retrocedan ante los teucros. Hera y Atenea se aprestan a ponerse de parte de los que se retiran, pero Zeus manda a Iris a aplacarlas, lo que consigue.
Llegada la noche, se suspende el combate. Héctor arenga a los suyos y manda a los soldados que permanezcan alerta junto a grandes fuegos para que el enemigo no pueda sorprenderles:

«- Vigilaremos toda la noche, y al amanecer cubrámonos con nuestras armas...»

¡Qué hermoso final el del Canto VIII!:

«...Mil hogueras ardían y cerca de cada una hallábanse cincuenta guerreros sentados en torno de la llanura ardiente. Y los caballos comían la cebada y la avena próximos a los carros, esperando a Eos, la del hermoso trono.»

[…] En el Canto XII, los griegos, acostados por Héctor, vuelven a sus atrincheramientos y desde allí se defienden desesperadamente. Los troyanos, ante la imposibilidad de romper las líneas de sus enemigos, dividen su ejército en cinco falanges y atacan por todas partes, sembrando el terror y la muerte.
[…] En el Canto XIV, Hera, temiendo que el favor que Zeus dispensa a los troyanos acabe con los aqueos, decide tender una celada al padre de los dioses y para ello, luego de engalanarse con sus mejores atavíos, pide a Afrodita que le preste su cinturón, a lo que ésta accede. Apenas lo ha conseguido, va en busca del dios del sueño y sume a Zeus en un dulce adormecimiento. Sin la ayuda del dios, Héctor es derribado por una enorme piedra que le arroja Ayax, se desvanece y la lucha cambia de signo. Los griegos recobran bríos y ponen en graves apuros a los hasta entonces vencedores troyanos, quienes, ya en el Canto XV, huyen en desbandada.
[…] En el Canto XVI se nos cuenta que compadecido Patroclo de los griegos pide a Aquiles una y otra vez que corra en su ayuda. Al ver como arde una de las embarcaciones, lo que significa el principio del fin, Aquiles presta a Patroclo parte de sus tropas, lo que da un nuevo rumbo a la lucha. Los troyanos retroceden ante el empuje de tan valerosos refuerzos y llegan hasta sus murallas. Patroclo paga con su vida el haber salvado a los griegos, de un fin inminente y predice la muerte de su matador Héctor, quien se burla de tal profecía.

«Al mirar a Patroclo muerto por los troyanos, el bravo Menelao corrió a las primeras filas armado con el bronce espléndido – Canto XVII -. Y se agitaba en torno del cadáver como en torno del primer becerrillo de su vientre corre una vaca gemebunda que hasta entonces no había conocido el parto... »

El combate es feroz en torno a Patroclo. Son sucesivas las veces en los que unos y otros parecen obtener victoria y, con ella, la posesión del cuerpo del héroe. Al fin, después de una gran mortandad, los griegos consiguen rescatar el cadáver, no sin la intervención de los dioses.
[…] En el Canto XVIII, el dolor de Aquiles es tan terrible que Tetis visitará a Hefesto para que construya nuevas armas al Eácida, que arde en deseos de lanzarse a la lucha, lo que hace que en el Canto XIX luego de prometerle Tetis, su madre, que velará por el cuerpo de su amante Patroclo no se corrompa mientras él combate. […] Aquiles se niega a tomar alimentos en señal de duelo y mientras espera el momento de la batalla llora junto al cadáver de su amante. Zeus, conmovido, envía a Atenea a consolarlo y Aquiles reprocha a los dioses la muerte de Patroclo. Uno de ellos, Xanto, predice a quien les acusa que pronto sufrirá la misma suerte que aquel de quien tantos se apena, pero el héroe responde orgullosamente:

«- ¿Por qué me anuncias la muerte, Xanto? ¿Acaso eso te importa? Ya sé que es mi destino sucumbir aquí, alejado de mi padre y de mi madre, pero no pienso cejar hasta que harte de batallas a los troyanos...»

[…] En el Canto XXI […], encolerizado el Eácida, corre hacia Troya. Héctor aún no ha llegado a las puertas, y al advertir que Aquiles va en su busca, le espera, desoyendo el consejo de quienes le gritan que no se enfrente al invencible caudillo – Canto XXII -. Son apasionantes las peripecias de esta lucha. Héctor, antes de morir, predice la muerte de su vencedor quien, cruel, ata el cadáver a su carro y lo arrastra por la llanura, destrozándolo ante los ojos de los troyanos, entregados a la más viva desesperación.
Es conmovedor el arranque del Canto XXIII en el que Aquiles habla así:

«- Mirmidones de caballos veloces, queridos compañeros. Sin desenganchar de los carros a nuestros caballos de cascos macizos, lloremos a Patroclo porque este es el honor que a los muertos se debe. Y cuando ya el duelo nos sacie, desataremos a nuestros caballos y tomaremos aquí nuestra comida.»

«Habló así y los demás se lamentaban, y Aquiles el primero. Y gimiendo, guiaron por tres veces los caballos de hermosas crines en torno del cadáver; Tetis les acrecía el deseo de llorar. Y en la pena por el héroe Patroclo, las lágrimas mojaban las armas y regaban la arena...»
Troya, llora por Héctor; Aquiles y los griegos, por Patroclo.
[…] En el último de los Cantos, el XXIV, se pone de manifiesto la crueldad de Aquiles que, todos los días, por odio a Héctor, arrastra su cadáver en torno a las murallas de Troya; y también su generosidad y elevados sentimientos al conmoverse por las súplicas y lágrimas de Príamo, padre de Héctor, y permitirle que se lleve a su hijo, a la par que promete una tregua de once días.
La «Ilíada» concluye con los funerales de Héctor, descritos de forma semejante a los de Patroclo...
Conviene insistir que las dificultades de los griegos para ganarse el apoyo de Aquiles proceden, como se ha dicho, de haberle sido arrebatada por Agamenón la hermosa esclava Briseida. Sólo la certeza una total derrota y la muerte de Patroclo le impulsan a participar de nuevo en la lucha.
Digamos, por último, que en este Poema se exalta lo mejor y lo peor de los hombres, sus amores y sus odios, sus compasiones y sus terribles venganzas.
Por ello, y con razón, se ha considerado la «Ilíada» como una de las obras más excelsas producidas por el genio poético de un pueblo en la persona de su poeta más extraordinario.


Janto → Caballo inmortal, hijo del dios del viento Céfiro y de la arpía Celene. También conocido como Xanto. Tenía un hermano llamado Balio, y ambos fueron entregados como regalo por Poseidón a Peleo y Tetis durante su boda. Peleo los regaló más tarde a Aquiles y, después de lucirlos en la batalla, ató a ellos el cuerpo de Héctor. Probablemente Janto era cabalgado por Patroclo y Balio por Aquiles, pues éste le reprochó al primero que hubiera dejado morir a su amante.



Bibliografía: 

HOMERO, LA ILIADA; Prólogo y notas de Juan Alarcón Benito. Ediciopnes Fraile, S. A.
CURTIUS: «L'Histoire Grecque». París, 1868.
DIOGENES LAERCIO: «Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres». Madrid, 1959.


Web-grafía: 

http://www.ecdotica.com/biblioteca/Homero%20-%20La%20Il%C3%ADada.pdf

http://antiqua.gipuzkoakultura.net/pdf/lairadeaquiles_.pdf




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